Principios de la Pastoral Urbana

  1. Hay creer que Dios vive en las ciudades
    El Papa Francisco personaliza la expresión cuando afirma: Dios vive entre los ciudadanos (EG 71). “Esto es una mirada de fe que descubra al Dios que habita en sus hogares, en sus calles, en sus plazas” (EG 71)


2.       La ciudad es una realidad multicultural


Francisco afirma que “no hay que olvidar que la ciudad es un ámbito multicultural” (EG 74). La urbe es un fenómeno complejísimo; en ella se encuentra una pluralidad de culturas, lenguajes, símbolos y estructuras que dificultan su comprensión de parte de los que la habitan. Las plurales ofertas urbanas para encontrar un sentido de la vida son una de las manifestaciones de esta realidad. A la pastoral le interesa acercarse, sobre todo, al sentido religioso presente en cada una de culturas. “En sus vidas cotidianas los ciudadanos muchas veces luchan por sobrevivir, y en esas luchas se esconde un sentido profundo de la existencia que suele entrañar también un hondo sentido religioso” (EG 72).

3.       “Tocar” y dejarse interpelar por la urbe
Un paso fundamental es aproximarnos desde dentro y no analizarla desde fuera. Esto significa salir a sentir la realidad urbana: gustarla, tocarla, escucharla, olfatearla, saborearla, con toda la potencia de la cercanía humana inmediata. Sobre todo en las periferias donde los llamados “sobrantes” y “desechos humanos” – nuevos rostros de la pobreza urbana – nos interpelan a involucrarnos personal y comunitariamente. Esta experiencia corporal facilita la interpretación o hermenéutica del otro como un sujeto que nos interpela.

4.       Los aportes interdisciplinarios
La experiencia directa y sensible de “tocar” la urbe tiene que ser enriquecida con la ayuda de los conocimientos que brindan las ciencias del hombre, la cultura y la sociedad de manera interdisciplinaria. La praxis de la Iglesia requiere el concurso de algunas ciencias, como la antropología social, la semiología y la sociología urbana.

5.       La conversión de una pastoral en la urbe a una pastoral urbana
Una de las claves de nuestra reflexión se expresa el principio “pasar de una pastoral en la urbe a una pastoral urbana”. Este proceso Implica asumir la realidades culturales urbanas en todas dimensiones, animar “la conversión misionera” (EG 30) para “una pastoral en clave misionera” (EG 35) y reformar las estructuras pastorales urbanas “para que se vuelvan más misioneras” (EG 27). Pasar de la perspectiva territorial al horizonte cultural en sus distintas dimensiones; pasar del mensaje verbal a los varios lenguajes simbólicos y testimoniales; pasar de la centralización en sedes y templos a la misión desde las periferias y a las casas; pasar de un clericalismo pastoral a un efectivo protagonismo corresponsables de todos los bautizados y bautizadas; pasar de un estilo vertical de información a la comunicación y la auto-comunicación horizontal en las formas de las redes; pasar de una pastoral conservadora y rutinaria a una pastoral misionera y creativa.


6.      La misión continental urbana
Esta iniciativa es de carácter permanente para nosotros, la Misión continental es urbana y, si no es urbana, no es misión en América Latina y el Caribe. Allí no sólo el 80% de las personas viven en las ciudades sino que todos, aún aquellos que viven en pequeños pueblos, reciben la influencia urbana por los medios de comunicación audiovisual y virtual. Por eso la pastoral urbana es un horizonte y un criterio de todas las pastorales particulares.

7.      El Pueblo de Dios evangelizador en las culturas urbanas
Para Francisco “el Pueblo de Dios se encarna en los pueblos de la tierra, cada uno, de los cuales tiene su cultura propia” (EG 115). La historia muestra que el cristianismo, constituido según la lógica de la Encarnación del Hijo de Dios, adquiere variados rostros culturales y no puede ser concebida de forma monocultural o monocorde. Por eso urge evangelizar las culturas para inculturar el Evangelio. “Lo que debe procurarse, en definitiva, es que la predicción del Evangelio, expresada con categorías propias de la cultura donde es anunciado, provoque una nueva síntesis con esa cultura” (EG 129). 

8.      Los pobres son evangelizadores urbanos
El principio pastoral partir “de lo que ya existe” incluye potenciar la fe de tantos fieles cristianos que viven un cristianismo popular en las periferias pobres y están desatendidos por las estructuras ordinarias de la vida pastoral. Pero esto supone reconocerlos como aquellos que nos ayudarán a descubrir las formas concretas del encuentro con Dios en la ciudad. Ellos y ellas, en sus clamores y en sus búsquedas, nos anuncian un kerygma  que hace eco en aquellos que salen a encontrarlos con un corazón abierto. El pobre es pues el evangelizador de una Iglesia que se encuentra en la ciudad. Los pobres tienen mucho que enseñarnos. “Es necesario que todos nos dejemos evangelizar por ellos. Estamos llamados a descubrir a Cristo en ellos, a prestarles nuestra voz en sus causas, pero también a ser sus amigos, a escucharlos, a interpretarlos y a recoger la misteriosa sabiduría que Dios quiere comunicarnos a travesee ellos” (EG 198).

9.      Las semillas del verbo y los frutos del Evangelio
Evangelizar las culturas apunta a generar nuevas formas de inculturación del Evangelio y diferentes expresiones culturales del cristianismo católico. Por eso reconocemos las semillas del Verbo presentes en los valores humanos de verdad, bondad y belleza, encarnados en las plurales culturas urbanas. Y también agradecemos los frutos del Evangelio que se descubren en los pueblos evangelizaos en nuestra historia y sus formas religiosas cristianas, “que han brotado de la encarnación de la fe cristiana en una cultura popular” (EG 90). 

10.    Una iglesia urbana, misericordiosa y samaritana
La Iglesia urbana anuncia al Dios “rico en misericordia” (Ef 2,4) manifestado en Cristo muerto y resucitado. “El kerygma es trinitario. La Iglesia samaritana se aproxima, compadece y sirve a todos los heridos del hay un signo que no debe faltar jamás: la opción por los últimos, “por’ aquellos que la sociedad descarta y desecha” (EG 193). El Espíritu nos anima a ser compañeros de camino con todos los olvidados y olvidadas. El compromiso solidario es una fuente de espiritualidad en la medida en que, por “el principio de la encarnación, los cristianos y las cristianas reconocemos a Cristo vivo en sus hermanos más pequeños (Mt 23,31). 

11.    Servicio de la iglesia a una ciudadanía integral
La ciudad es una realidad humana y la ciudadanía pertenece a la dimensión política del hombre. El ciudadano es aquel convocado a asociarse con los otros para construir el bien común de la ciudad o sociedad (EG 220). La teología de la ciudad piensa los desafíos del espacio público y la vida política. El cristianismo latinoamericano futuro debe alentar una ciudadanía integral que forma, acompaña y nutre el compromiso ciudadano responsable y solidario de todos y de cada uno por la vida digna, buena y feliz.



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